Panteón Bretón

Panteón Bretón

Los Dioses son funciones, Víctor Hugo decía de él mismo “ Yo soy una fuerza que anda”, los Dioses son fuerzas que andan.

El hecho de que estemos sin duda alguna en un cuadro panteísta, no impide al mundo celta de presentir la existencia del dios único. De este abstracto, causa última.

Pero el celta, más sabio que otros, no entiende el darle un nombre, diré más, el celta no quiere incluso pensar en él, pues el pensamiento es reductor y este dios único no puede estar contenido en un pensamiento de hombre, sea de la naturaleza que sea.

Este Dios no es humano, es una totalidad infinita, el hombre una burbuja de jabón en el océano de un cielo entre millares de otros.......

Entre él y ese dios inaccesible existe, no una distancia, pero sí un volumen infinito. Hay ahí, según nosotros, una incompatibilidad fundamental que justifica el hecho que el mundo celta prefiere dirigirse a los Dioses y sus múltiples de los cuales cada hombre puede sentir los efectos y acciones de sus estados de conciencia.

Los dioses son funciones vivas y autónomas que ponen en marcha la aplicación de las leyes. Un Dios es siempre relativo a una ley, sea esta una expresión de una realidad cósmica y universal, o que sea la expresión de una actividad humana, es de esta manera que los dioses se jerarquizan.

Existen dioses que son la expresión de las leyes universales que no dependen de los hombres, pero que se imponen a ellos, como la luz por ejemplo, y dioses creados por la actividad del hombre. Los primeros son teóricamente superiores a los segundos.

¿ Quiere decir esto “ Dioses creados por el hombre?

Estamos aquí para aclarar esto. Hay dioses incontornables y universales, tomemos por ejemplo la diosa Ana ( Diosa-madre primordial, madre de todos los dioses y de los humanos, gran principio de la divinidad femenina en las culturas Indo-Europeas, procede de un concepto neolítico de la feminidad, ponderada por las sociedades de tipo patriarcal, otros nombres se le atribuyen: AN, ANU, DANA, DANU). La vieja  matriz, muestra abuela, la de todos, que los cristianos han transformado a veces en vírgenes negras y siempre en Santa Ana, la madre de María y por lo tanto la abuela de Jesús. Ningún hombre o mujer puede rechazar, o no saber de la existencia de su abuela, esta constante es irreductible no depende de nosotros.

Ana es la expresión de una ley universal no humana, ningún hombre puede crear a su abuela.

No es lo mismo cuando se trata del dios de una nación, quien él, es directamente origen del inconsciente colectivo del grupo considerado y, a este título concreto, ha sido creado por ese grupo. Él es la expresión en el mundo invisible de una ley particular humana y por lo tanto, ya no universal.

Retomando un lenguaje moderno, existen dioses arquetipos de una naturaleza universal, situándose en parte de la naturaleza humana, y dioses de una naturaleza particular,  relativa a las necesidades de cada grupo humano, incluso a veces de cada hombre, situándose más debajo de la naturaleza humana.

Estas dos categorías de dioses, que se subordinan los unos a los otros, son las expresiones vivas de las leyes que transitan del mundo invisible hacia el mundo material, dicho de otra forma, causas hacia efectos.

Los unos representan leyes universales y los otros leyes humanas.

El dialogo del hombre con los dioses se puede comparar a un árbol experimentando el viento. El árbol  es el hombre, quien se eleva de la tierra, el viento, los dioses  quienes le hacen estremecerse, quienes le hacen cantar a veces, pueden también desarraigarlo o romperlo. El viento puede abrazar de amor o ser una borrasca terrorífica, puede venir del norte, del este, del oeste o del sur. Como quiere que sea, el árbol experimenta al viento, y sus movimientos no son más que las consecuencias de este último en sus ramas.

Esta imagen facilita la labor para comprender que el diálogo con los dioses se revela en el comportamiento de cada uno. El espíritu sopla donde quiere, dice la cristiandad, en este punto convergemos ( posiblemente han sabido plagiar la cultura celta.

Los dioses actúan  sobre nosotros como el viento actúa sobre el árbol. Los efectos de esos vientos serán únicos para cada árbol, y en ese sentido, cada uno crea su o sus propios dioses, basándose sobre el estudio de los comportamientos que adopta frente a una realidad que no domina  y que se impone a él.

Los hechos y los acontecimientos son el lenguaje de los dioses.